NOVEDAD

La protagonista de Té de litio pasa sus días en una monótona oficina donde fantasea con fecundar al guardia y destruir los parlantes, mientras repite mantras para faltar a terapia, ese espacio que la contiene y repele por igual. 

Frente a la doctora, elabora el relato pormenorizado de sus robos: el miedo, el shock, la victoria final al salir con la cartera de cuero o el vestido escote corazón, la culpa, el odio de sí.

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